Una hora en la cocina

Descripción breve:
Espectáculo sin palabras para todos los públicos Tres actores, una cocina, excelente música y sobre todo muy buen humor.

Tres chefs de fama mundial enfrentados en el prestigioso concurso de alta cocina internacional “LA COCINA DE PALACIO”.

Las normas son sencillas: Disponen de una hora para elaborar el plato que deseen y deben “jugar limpio” con los demás concursantes... ¿Jugar limpio? ¡Imposible!

Estos ingeniosos cocineros pondrán en práctica las más disparatadas tácticas para hacerse con la victoria.

¡La diversión está servida! 

DIRECCIÓN Y DRAMATURGIA: Laura Iglesia
SOBRE EL ESCENARIO: Lautaro Borghi, Félix Corcuera,
Carlos Dávila
VOZ EN OFF: Cristina Cillero
MÚSICA INSTRUMENTAL: Racalmuto
ILUMINACIÓN: Carlos Dávila
TÉCNICO EN GIRA: Alberto Ortiz
ESCENOGRAFÍA: Josune Cañas
ADECUACIÓN ESCENOGRÁFICA Y ATREZZO: Bandua Creative Concept
COMPLEMENTOS DE VESTUARIO: Azucena Rico
FOTOGRAFÍA: Roberto Tolín
DISEÑO GRÁFICO: Lous & Martín, Whycar Entertainment
VIDEO PROMOCIONAL: Sr. Paraguas

ESPECTACULO PRODUCIDO CON LA COLABORACIÓN DE:
Consejeria de Cultura y Turismo del Gobierno del Principado de Asturias.

Maestros teatreros
Mientras algunos andan a tortas, que no a tostas con foie, a causa de la bondad o no de la nueva cocina, hay quienes saben sacarle a la polémica todo el jugo sobre el escenario.
 
Así lo hace la compañía «Higiénico Papel», con humor y sin una palabra más alta que otra. Qué rábanos: sin una palabra. A la expresividad corporal de los tres actores sólo la acompaña alguna onomatopeya ocasional, una canción tarareada y una especie de metatrón mucho más melodioso que la voz de Dios, e igual de imperativo.
 
La base de este delicioso bocado es un concurso de cocina que se presenta sobre un lecho de atrezzo a modo de suntuoso palacio acompañado de tres misteriosas puertas que no llevan a la despensa que uno se cree. Los ingredientes: la mímica, el buen gusto y el ritmo al gusto de Félix Corcuera, Carlos Dávila y Lautaro Borghi, aderezado con la voz de Cristina Cillero.

La competición de tres de los mejores cocineros del mundo flirtea con el absurdo y el clown para lograr una mixtura mucho más interesante que aquellas con las que los expertos restauradores -los de los cuadros no, vaya- disfrazan a lo que también se podría llamar pisto, hojaldre o bechamel. Las puertas misteriosas conducen a sitios insospechados, casi como vórtices del tiempo y el espacio; toda hortaliza es susceptible de convertirse en arma arrojadiza o complemento de vestuario. Y la envidia, ya dicen que mala consejera, contribuye a destrozar los platos de estos tres maestros cocineros.


A la compañía de Laura Iglesia, sin embargo, no se le estropea nada. Las interpretaciones quedan «al dente», la estructura del montaje llega al punto idóneo de cocción y lo único que se pega es el público a la butaca, saciado y de buen humor en una hora de teatro bien preparado.

Ahora que los sinónimos de desaceleración planean sobre todos los ámbitos y a los periodistas que no pisan un patio de butacas ya no les salva tanto el tipo hablar de la crisis del teatro, viene bien eso de recordar aquello de que no sólo de pan vive el hombre. Eso sí, si al final de la función los artistas le invitan a probar los platos que han preparado, sepan ustedes que desde esta crítica se desaconseja, so pena de intoxicación?

SOFÍA CASTAÑÓN Viernes 03 de octubre de 2008   

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